jueves, 17 de octubre de 2013

JOVENES Y HERMOSOS

CARNESTOLTES

La gente se ha echado a la calle. Es carnaval. Disfrazados, los amigos deambulan alegres. Protegidos por antifaces y pinturas, piropean a las chicas casi hasta la obscenidad, y ellas -unas con disfraz de conejita, otras vestidas de mujer fatal o de hombre- ríen, contestan desinhibidas y no se quedan a la zaga, diciendo cosas que mañana no dirán y no se atrevieron a decir ayer. Únete a ellos, ríe a su lado, quítate con gracia la armadura, hoy que, aun maquillados grotescamente y disfrazados hasta las cejas, llevan las venas al aire y van más desnudos que nunca. En este día en que, libres de ataduras -audaces y efímeros Houdinis-, permiten que la sangre se expanda como si fuera un gas noble y llegue, sin necesidad de traspasar sórdidos umbrales, a donde no llegaría vestida de domingo. En unas horas, con los rasgos ciertos y definidos, los documentos de identidad en el bolsillo y reconocibles aspectos, volverán al abrigo de sus nombres y si los llamas se girarán. Pero no serán ellos, no del todo, sino los personajes que de sí han construido: seres más lejanos a aquellos que son en realidad, que estos que aquí se muestran disfrazados. Pulcras fotografías retocadas. Una temerosa interpretación de sus vidas. A plena luz del sol, con los rostros convertidos en máscaras, nada más que meras aproximaciones a un número ganador.

(Inédito) 2012