jueves, 31 de enero de 2013

TEATROS



FALSO CUENTO INFANTIL


Ayer tuve un sueño extraño que extrañamente recuerdo. Atravesaba un alambre con una pértiga en las manos, y ese delgado hilo, sobre la pista de un circo, sostenía mis muebles y cosas, mis amores y amigos: ese querido olor a casa que se nos prende a la ropa. El viento, que me empujaba hacia un lado con peligro, me traía la turbia idea de arrojarme a la red, de unirme a la gente que allá abajo, sonrosada, miraba mientras comía palomitas. Personas que se juraron no repetir en la vida más de tres veces ciertas palabras, pero lo hicieron por unas cerezas y un sombrero para el sol. Esa tarde, al salir del circo, fui al Jardín Botánico. Allí admiré rosas que parecían claveles, y árboles exóticos. Me deleité con el esbelto silencio de los nenúfares, sólo roto por paseantes que murmuraban sobre mí: más bien, sobre mi curiosa manera de andar. Fue cuando reparé en que, de forma natural, a cada paso, llevaba un pie al centro y lo alineaba con el otro, y que el más amplio camino sería un cabello si no pronunciaba sumisión y olvido. Algunos de ellos me gritaban ofensivos que parecía una sombra. Otros, que un extraño bailarín. “Equilibrista”, les aclaraba yo con orgullo. Y viendo lo horrible de sus sombreros me alegraba de vivir en la cuerda floja.

La vida secreta (Inédito) 2012