Mostrando entradas con la etiqueta Nuevo relatos/Copyright.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuevo relatos/Copyright.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de febrero de 2014

ANIMALES



ANIMALES

Antes de entrar al circo, los niños contemplan a los animales en sus jaulas. Uno se dice que cuando crezca tendrá la fuerza del elefante. Otro, fantasea con la majestuosidad del león. Algunos se imaginan hermosos como los caballos y los más sueñan con la agilidad del chimpancé. La cobra del faquir, que los mira tras el cristal de su terrario, mueve la lengua y les dice siseante: “Ossparecereisssamiii, ossspareceresisssamiií!”.


Sobre los finales felices (inédito)

jueves, 19 de diciembre de 2013




CARABLANCA

         Todos, alguna vez en la vida, hemos sido el payaso de la cara blanca. El tipo serio, cabal, que se preocupa de los demás y del buen funcionamiento de las cosas, pero que, a pesar de ello, recibe el tartazo en la cara. En un país sudamericano hay una cárcel donde recluyen a los payasos de cara blanca que, hartos de humillaciones, dieron un paso al frente. Clowns que vaciaron las cuencas de los ojos, sesgaron las arterias del cuello, desgarraron los intestinos y abrieron en canal el estómago del payaso Augusto que se reía de ellos y, encima, recibía los aplausos.

Sobre los finales felices (Inédito)

lunes, 22 de julio de 2013

ONOMATOPEYA


ONOMATOPEYA    

            Clock, hizo la puerta al cerrarse cuando ella me abandonó. El sonido se petrificó en el aire y, a peso, cayó sobre el parqué. Hubiera sido fácil barrerlo -es cierto-, de saber cómo se barre el amor. Así que esperé a que se pudriera, y durante un tiempo respiré su perfume. El día de mi cumpleaños -uno de marzo- recibí la mala noticia. El médico me enseñó la radiografía y señaló una mancha en mi pulmón. Él lo achacó todo al tabaco, pero yo supe que se debía a aquel sonido. Demasiados meses respirando el eco de la puerta al cerrarse. Aquí en Italia, al pie de los Abruzzos, el oxígeno es puro y limpio. Vivo en un sanatorio para tísicos, aunque hay enfermeras bonitas. Tengo un sonido en el pecho -un clock- y no sé si podrán curármelo. En el jardín, bajo el sol de la tarde, os escribo estas cuatro líneas.


                                                      Sobre los finales felices (2013) Inédito

martes, 21 de mayo de 2013

VIDA REAL



SOL DE AGUA

            Al salir del patio, el matrimonio se vio sorprendido por una muchedumbre que, de manera organizada, se acercaba desde el principio de la avenida. Eran tiempos de crisis y profundas penurias económicas. A través de la Red se organizaban acciones de protesta contra el sistema, que hasta ahora sólo habían reunido a unos pocos. Resultaba conmovedor ver al fin a tanta gente unida, consciente por una vez de su fuerza. Cogidos de la cintura, ilusionados como colegiales, esperaron a que la multitud llegase a su altura para unirse a la marcha. El clamor de la gente, antes confuso, comenzó a aclararse con la cercanía: “¡Campeooones, campeooones, oé, oé, oé...!”. Descorazonados, abrieron la puerta del patio y regresaron a casa.

Del libro "Sobre los finales felices"( Inédito) 2013

lunes, 22 de abril de 2013

LA NIÑA



 LA NIÑA

            El policía le preguntó si le ocurría algo. Ella, aferrada a una farola, le dijo que iba con su padre y se había perdido. Con el tono condescendiente que se utiliza con los niños para ganárselos, el agente le prometió que si lo acompañaba a comisaría, él mismo se encargaría de localizarlo, pero ella se negó. “Me tiene dicho que si me pierdo no me mueva del lugar, que él ya me buscará”. Optó por registrarla, y en un bolsillo del abrigo halló lo que al tacto parecía una tarjeta y resultó ser una estampa de la Virgen del Carmen, con una etiqueta pegada en el reverso. Tras leer lo que llevaba escrito, le propuso dar un paseo por la ciudad en el coche de la luz azul, y señaló la unidad en la que le esperaba el otro compañero. Ella miró hacia donde le indicaba y, abriendo mucho los ojos, le preguntó si pondría la sirena. “Por supuesto”,  contestó él. Sólo entonces se soltó de la farola y cogió la mano que le ofrecía el hombre. Después de ayudarla a entrar en la parte trasera del coche, miró la estampa de la Virgen y, dándole la vuelta, leyó otra vez lo que ponía en la etiqueta: Agripina Escribano Ariza. 71 años. En caso de perderse, llamen a alguno de estos teléfonos. Y tras los números, una lacónica frase: Enferma de Alzheimer. El agente se sentó junto al conductor y cerró la puerta. Aún no se había puesto el coche en marcha, cuando empezó a sonar la sirena. 

Ganador Premio Fundacion Derechos Civiles 2009

lunes, 3 de septiembre de 2012

VUELTA AL TRABAJO


SEÑALES



Hoy es un día como otro cualquiera. Dos niños corren de la mano hacia el colegio, pintados en una señal de tráfico. El elegante señor del sombrero, trazado en el interior de un triángulo, cruza la calle protegido por las rayas de un paso de cebra. Más allá, en una señalización de obras, el rígido dibujo de un hombre se inclina sobre una pala, condenado para siempre a su penoso trabajo. Y por todas partes, aunque a veces no se vean, monigotes que corren tras una flecha, hacia una puerta dibujada, en las señales que sirven para indicar salidas de emergencia que, a la hora de la verdad, no existen o casi nunca funcionan.

                    De seres perdidos en parques temáticos (Inédito, 2012)

lunes, 6 de junio de 2011

MICRORRELATO

EL EUNUCO

Si descontamos vacaciones, fiestas y fines de semana, no había día que no pasara por sus manos un libro maravilloso. A pesar de todo, Belikov, el bibliotecario, sólo leía tratados de archivística: textos que le enseñaban a ordenar volúmenes, a catalogar según naturaleza y asunto. El día en que el terremoto afectó a la biblioteca, no le afligió que se perdiera “El Quijote”, que “La Odisea” quedase inservible, o se dañaran “Lord Jim" y “La isla del tesoro”. Su única preocupación radicaba en que se habían desordenado los libros.