Una de las canciones más bellas que he escuchado nunca. Nanni Moretti me la descubrió en su película La habitación de hijo, aunque ella -la canción- ya existía antes. Bryan Eno y su By this River. Encontremos la serenidad perdida, abracémonos, respiremos y aprendamos todos a contar hasta tres. No esperemos a que llegue la Navidad con su estúpidos disfraces. Un beso.
viernes, 28 de noviembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
LA CIUDAD SIN MAR (1)

OCEANÍA
Cuentas las manchas de la luna y recuerdas esa noche. En un bar, bebimos vino portugués hasta que nos dolieron los labios. Una virgen piadosa, dibujada sobre la etiqueta, vigilaba tus ojos más místicos que los suyos. Cada vez que brindábamos y bebíamos de su sangre, también bebíamos el saxofón sin brillo del hombre que tocaba en la calle, y que se reflejaba en los vasos. Por eso no nos sorprendimos cuando, borrachos ante el cristal de aquella agencia de viajes, lloramos con desgarrada voz de saxo, al pensar que en Sydney los canguros saltaban felices y nosotros no estábamos con ellos.
Cuentas las manchas de la luna y recuerdas esa noche. En un bar, bebimos vino portugués hasta que nos dolieron los labios. Una virgen piadosa, dibujada sobre la etiqueta, vigilaba tus ojos más místicos que los suyos. Cada vez que brindábamos y bebíamos de su sangre, también bebíamos el saxofón sin brillo del hombre que tocaba en la calle, y que se reflejaba en los vasos. Por eso no nos sorprendimos cuando, borrachos ante el cristal de aquella agencia de viajes, lloramos con desgarrada voz de saxo, al pensar que en Sydney los canguros saltaban felices y nosotros no estábamos con ellos.
lunes, 24 de noviembre de 2008
LA PIEDRA PRECIOSA

Subo la empinada colina
con los bolsillos llenos de piedras;
pequeñas piedras que cogí
en el arcén de la carretera
y que, como un cordón umbilical,
me unen a su camino.
Una a una, con parsimonia,
las lanzo contra los arbustos
e imagino lo que sería
quedarme aquí para siempre,
en esta dimensión donde el sosiego
y el viento que silba entre los pinos
me sitúan fuera del escenario,
al margen de la absurda trama.
Con la última piedra preparada,
miro la carretera.
Por la ventanilla trasera de un coche
un pasajero asoma su brazo
y abre la mano como si quisiera
atrapar el aire que la vence.
Entonces, en un juego imposible,
hasta que se pierde tras una curva,
trato de calcular el afecto
que esa mano atesora en sus pliegues
como una moneda guardada
para alguien que no soy yo,
y que viene a evocarme otros tactos
-otros refugios más ciertos-,
unidos a cuerpos que dejé abajo
con los bolsillos llenos de piedras,
y que esperan aunque no saben
ni siquiera que se ha ido,
al hombre que subió una colina
y tuvo miedo de quedarse.
Muy despacio, entre los árboles,
voy bajando la pendiente.
El sonido de los coches, poco a poco,
sepulta el de mi respiración agitada,
y en el puño aprieto la piedra
de la que no me he desprendido:
una cuyas suaves aristas
no se clavan en mi mano.
Ésa, a un tiempo, distinta
e igual a todas aquéllas
con las que descendí otros parajes
y me incorporé a la carretera.
con los bolsillos llenos de piedras;
pequeñas piedras que cogí
en el arcén de la carretera
y que, como un cordón umbilical,
me unen a su camino.
Una a una, con parsimonia,
las lanzo contra los arbustos
e imagino lo que sería
quedarme aquí para siempre,
en esta dimensión donde el sosiego
y el viento que silba entre los pinos
me sitúan fuera del escenario,
al margen de la absurda trama.
Con la última piedra preparada,
miro la carretera.
Por la ventanilla trasera de un coche
un pasajero asoma su brazo
y abre la mano como si quisiera
atrapar el aire que la vence.
Entonces, en un juego imposible,
hasta que se pierde tras una curva,
trato de calcular el afecto
que esa mano atesora en sus pliegues
como una moneda guardada
para alguien que no soy yo,
y que viene a evocarme otros tactos
-otros refugios más ciertos-,
unidos a cuerpos que dejé abajo
con los bolsillos llenos de piedras,
y que esperan aunque no saben
ni siquiera que se ha ido,
al hombre que subió una colina
y tuvo miedo de quedarse.
Muy despacio, entre los árboles,
voy bajando la pendiente.
El sonido de los coches, poco a poco,
sepulta el de mi respiración agitada,
y en el puño aprieto la piedra
de la que no me he desprendido:
una cuyas suaves aristas
no se clavan en mi mano.
Ésa, a un tiempo, distinta
e igual a todas aquéllas
con las que descendí otros parajes
y me incorporé a la carretera.
lunes, 17 de noviembre de 2008
FEOS (2)

Ya está a la venta el primer libro de relatos que publico, titulado "Feos" (Premio Alhóndiga de Narrativa Breve -Premios Otoño Villa de Chiva). Ha sido editado por la Editorial Denes y lo podéis encontrar en cualquier librería. Os recuerdo que Denes es una editorial valenciana que publica diferentes colecciones de narrativa y poesía, además de literatura en valenciano, todas ellas publicadas con gran elegancia, como es el caso de la Colección Calabria de narrativa, donde ha salido. Seguiré informando sobre la presentación del libro. Falta confirmar la fecha. Se pretende que sea para diciembre, pero dada la proximidad de las Navidades y que para esas fechas las librerías no presentan libros, puede que se retrase a enero. Seguiré informando. Aquí os dejo la portada y el breve relato que inicia el libro.
A MEDIAS
Mi tío llevaba un ojo de cristal. En las cenas de fin de año yo me preguntaba si sólo vería a la mitad de la familia, una parte del pavo, media televisión y una de las tetas de su mujer, grandes como globos terráqueos. En su velatorio, a pesar de mis diez años, mi madre me obligó a besar el cadáver. Tenía el ojo de cristal cerrado y el otro, en consonancia con lo que fue su vida, levemente abierto. Durante mucho tiempo, cuando en el silencio de la noche se oía un ruido, pensé que era mi tío que andaba medio vivo por la casa porque en el momento de la muerte, según mi lógica aplastante, no vio más que su mitad.
jueves, 6 de noviembre de 2008
ANA PÉREZ CAÑAMARES

GENERACIONES
Antes de morir, mi madre dijo mamá ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.
Cuando mamá murió, durante unos segundos
no tuvimos claro los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momentos de nuestras vidas
estábamo viviendo
o muriendo.
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